La información como herramienta de poder en las empresas

La información es poder. Sobre este punto, existe consenso. Por ese motivo, la correcta gestión de la información en cualquier organización es fundamental para que ésta avance y crezca. Sin embargo, eso no siempre ocurre: un caso demasiado habitual, sobre todo en las empresas de corte más tradicional, es que la información no se utiliza para dotar de poder a toda la empresa, sino que se acumula allí donde se genera y se usa, exclusivamente, para aumentar la capacidad de influencia de aquellos que la controlan. De esta forma, se generan empresas en las que existen departamentos, unidades o incluso personas que actúan con un altísimo nivel de alejamiento de los criterios y estrategias globales de la organización y que se limitan a cumplir con las exigencias mínimas necesarias para no tener grandes enfrentamientos. En la vida diaria, es el típico caso del “yo cumplo con mis objetivos, ¿no?, pues que nadie me diga cómo tengo que llevar mi departamento”.

Ese tipo de actitudes son, en el entorno actual, lastres para las empresas que necesitan acumular energía potencial para lanzarse a una carrera competitiva, a un esfuerzo de innovación o a la apuesta de la internacionalización. Cuando cada átomo que forma la empresa trabaja de forma aislada y en la dirección que más le conviene, es imposible que la compañía se mueva de forma organizada en una dirección concreta. Aún es más: la estrategia de la empresa puede estar del todo equivocada, al haberse diseñado sin contar con todo el conocimiento sobre el mercado, nuestras capacidades y nuestras motivaciones.

Por tanto, es esencial asegurar que la información fluye libremente por toda la organización para:

  • evitar que sea usada sólo en provecho propio y no en provecho de toda la empresa,
  • identificar rápidamente mejoras necesarias en la estrategia corporativa,
  • fomentar el intercambio de ideas y opiniones, que redunda en acciones más efectivas y un mayor nivel de innovación,
  • impedir que los “señores de la información” se conviertan en lastres de la evolución de la empresa,
  • minimizar los efectos de la pérdida de personas clave,
  • agilizar los procesos de la empresa, al contar con más información y más fácilmente disponible para realizar tareas y tomar decisiones.

Una empresa que ignora el conocimiento que están acumulando sus miembros y que no se preocupa en identificarlo, recopilarlo, almacenarlo y diseminarlo convenientemente es una empresa pesada, poco ágil y que adopta un papel reactivo ante los acontecimientos, externos e internos. La empresa que gestiona bien su información se anticipa a los acontecimientos del mercado, se adapta mejor y sus acciones son más coordinadas y efectivas. Que cada uno elija qué tipo de empresa quiera tener.

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