A Doña Carmen no le solía gustar que sus huéspedes llevasen invitados sin avisar con antelación. Sin embargo, a mí nunca me ponía mala cara si me presentaba con alguien a cenar sin haber dicho siquiera si yo iba a ir a cenar. No es que la buena señora me tuviera un cariño especial, sino [...]
+Seguir leyendoLa Semana Santa llegó a Barcelona, que la acogió con más ganas de lo que algunos habían supuesto. Hasta entonces, no había vuelto a ver a Grover Burch. En realidad, ni siquiera sabía aún cuál era su nombre. Para mí, sólo era aquél marinero extranjero tan grande, de pelo castaño claro muy corto, que me [...]
+Seguir leyendoConocí a Grover Burch en 1940, uno de aquellos años que pasé en Barcelona ganándome la vida con el intercambio de mercancías a espaldas de los carabineros y con la protección de un par de muchachas que habían acudido a la capital pensando que allí vivirían mejor que en su pueblo. La primera vez que [...]
+Seguir leyendo